He aquí una noticia que demuestra cómo un gobierno y ciertos hechos religiosos pueden apoyarse mutuamente sin caer en una sociedad de gobierno religioso. No es necesario ni el laicismo radical ni la cristiandad política, y ésta es una posible solución a dichos extremos.
Tal vez la apertura a confesiones no cristianas haya sido un paso que falte en este caso, pero es considerable el valor del acto.
Ojalá que la tradición de Chile sea un ejemplo para otras naciones.



